Influencer, educación y redes sociales

Ya se sabe de sobra lo que son las redes sociales, un entramado de perfiles personales, con seres humanos que tratan de vivir y avanzar como personas. La existencia personal es también social. La naturaleza del ser humano es colaborativa y relacional. Pero…

El asunto del desarrollo personal daría mucho para debatir y dialogar desde casi todos los puntos de vista: soledad o familia. Individualismo o socialismo. Egoísmo o generosidad. Inmanencia o trascendencia. No son estrictamente sinónimos ni siquiera análogos. Pero si son polos opuestos.

En nuestro tiempo, la proliferación de las redes sociales ha descubierto un rasgo de lo social que hasta hace poco no se percibía.

Lo social es también comercial.

Si hay dos o tres personas reunidas, seguro que hay intercambio. Y ahora…hay cientos de miles reunidos, y como era de esperar, hay intercambio.

¿Qué venden? A ellos mismos. Puede que suene a otra cosa, pero un influencer puede llegar a convertirse en un proxeneta.

Lo desarrollo a continuación. Una persona adulta en las redes sociales seguramente tenga la capacidad, madurez y prudencia de diferenciar entre valor, estímulo y conciencia. Si reúne lo que se llaman virtudes fundamentales estamos hablando de esa persona fuerte, prudente, templada y justa. Esa que es un “real influencer”.

Pero un menor sin ser demasiado pesimista, no diferencia entre valor, estímulo y conciencia. Para él las tres cosas son lo mismo. Por eso un influencer puede distinguir entre el valor del producto, su propio estímulo para venderlo y la conciencia recta en el proceso de venderlo. Pero un menor no.

Así, en demasiadas ocasiones vemos que los jóvenes quieren ser influencers, pero no distinguen entre valor, estímulo y conciencia. 900

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